lunes, abril 16, 2007

Arcangeles


Parte I
Los arcángeles constituyen uno de los nueve coros de coros de ángeles.
Dios ha encomendado a los arcángeles las misiones mas importantes en relación a los hombres. Son guardianes de personas a quién Dios ha confiado grandes misiones, como del Santo Padre, cardenales, obispos.
Según las Sagradas Escrituras hay siete arcángeles:
"Yo soy Rafael, uno de los siete ángeles que tiene entrada a la gloria del Señor" (Tb 12:15)
"Reciban gracia y paz de Aquel que Es, que era y que viene de parte de los Siete Espíritus que están delante de Su Trono" (Ap 1:4),
Las Sagradas Escritura mencionan el nombre de solo tres: Miguel (Ap 12:7-9), Gabriel (Lc 1:11-20; 26-38) Rafael (Tobit 12:6, 15). Los nombres de los otros cuatro arcángeles (San Uriel, San Barachiel ó Baraquiel, San Jehudiel, Saeltiel) no aparecen en la la Biblia. Se encuentran en libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras y en la literatura rabínica. La Iglesia reconoce los nombres que se encuentran en las Sagradas Escrituras. Los demás nombres pueden tenerse como referencia pero, no son doctrina de la Iglesia ya que provienen de libros que no son parte del canon de la Sagrada Escritura.
Debemos tener cuidado con otros nombres dados a los ángeles, algunos de los cuales son de origen ocultista o de la Nueva Era.
Se recomienda rezar a los Siete Santos Arcángeles.
A los arcángeles se les llama los siete magníficos:
Miguel: (Ap 12:7-9) "quien como Dios". Venció y expulsó a Satanás del cielo.Gabriel:(Lc 1:11-20; 26-38) "el que gobierna o mensajero de Dios". Rafae: (Tobit 12:6, 15) "el que cura o sana". El arcángel cercano a los hombres para aliviarlos en su dolor y sufrimiento.Los siguientes no aparecen en la Biblia sino en otras escrituras antiguas de los judíos.
San Uriel Su nombre significa: "Fuego de Dios"
Se le representa con una espada en el jardín del Edén. Se lo considera al Arcángel puesto por el Padre Eterno a las puertas del Paraíso con su Espada de Fuego, Aquel que expulso a Adán y Eva.
Combate el espíritu de la ira, del odio y de la impaciencia, poniendo en el corazón las virtudes de la dulzura, benignidad, paciencia y mansedumbre. Con la dulzura y la paciencia vencemos y atamos al espíritu malvado. "Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso a vuestras almas" (Mateo 11,29).
San Uriel nos rodea con su corona ardiente de amor, de paciencia y de bondad. El cuida todos los lugares de las apariciones Marianas, enriqueciéndolos de gracias. Jesús afirmó en unas de sus revelaciones: "Cuando los ejércitos rojos avancen, ellos atravesarán tan solo al precio de la muerte y con la pérdida de sus vidas, el cinturón de fuego colocado delante de los lugares de las apariciones de mi Madre".
Ya en el cuarto siglo, San Uriel es recordado en el martirologio. El tiene en su mano izquierda la antorcha ardiente o una espada flameante, la llama ardiente del amor de Dios. San Uriel fue el encargado de expulsar a Adán y Eva del Paraíso, y custodiar su entrada con aquella espada de fuego, de la que nos habla el Génesis. También se lo representa con sus manos abriéndose las vestiduras del pecho, para dejar salir el Fuego Sagrado de Amor (como hacía San Francisco Xavier) El Señor, en efecto ha dicho: "Yo he venido a prender fuego a la tierra; y como desearia que ya estuviese ardiendo" (Lucas 12, 49). Que en nuestros corazones, arda, el fuego de la Gracia y del Amor de Dios. Cuan grande sea el deseo de Jesús, de esto, lo vemos en su Sacramento de la Eucaristía. Allá está su Amor que vence toda cosa viviente, escondido en su Carne y en su Sangre, para estar siempre con nosotros. Sobre el Altar y en el Tabernáculo, está la Fuente del Amor, allá está la Omnipotencia por excelencia! Allá nosotros deberíamos encontrar la Gracia, para que el Fuego del Amor se haga en nosotros luz viva y resplandezca en las tinieblas. Si nosotros nos postramos humildemente adorando con gratitud y respeto a Dios en este Santo Sacramento; entonces también en nosotros arderá el fuego del Amor de Dios y llegará a ser Luz.
Pedimos a San Uriel, nos libre de caer en la pasión del odio, la ira y la impaciencia, y también nos proteja de personas malvadas, iracundas, nerviosas; y derrame en nuestro corazón y en el alma de los que nos rodean, el Amor, dulce, suave y sereno. (En la iconografía se representa a San Uriel mostrando su pecho y su corazón ardiente de Caridad).
Oración: "San Uriel rodéanos con el Cinturón de Fuego, ven en nuestra ayuda con tu Ejército Celestial. Y enséñanos a vivir y hacer como ha hecho Jesús, aquí en la tierra. Amén".

sábado, diciembre 09, 2006

Apolo y Dafne

APOLO Y DAFNE
Apolo, después de Zeus y junto con Atenea, era el dios griego más importante. Su relevancia fue
incuestionable estando presente, desde los oráculos de Delfos, hasta la simbología del dios sol.
Es además, el dios de la música.
Además, Apolo era un gran cazador. Una vez quiso matar a la temible serpiente Pitón que se es-
condía en el monte Párnaso. Habiéndola herido con sus flechas, la siguió, moribunda, en su huída
hacía el templo de Delfos. Allí acabó con ella mediante varios disparos de sus flechas. Delfos
era un lugar sagrado donde se pronunciaban los oráculos de la Madre Tierra. Hasta los dioses
consultaban el oráculo y se sintieron ofendidos de que allí se hubiera cometido un asesinato.
Querían que Apolo reparase de algún modo lo que había hecho, pero Apolo reclamó Delfos para sí.
Se apoderó del oráculo y fundo unos juegos anuales que debían celebrarse en un gran anfiteatro,
en la colina que había junto al templo.
Orgulloso Apolo de la victoria conseguida sobre la serpiente Pitón, se atrevió a burlarse del
dios Eros por llevar arco y flechas siendo tan niño:
-¿Qué haces, joven afeminado -le dijo- con esas armas? Sólo mis hombros son dignos de llevarlas.
Acabo de matar a la serpiente Pitón, cuyo enorme cuerpo cubría muchas yugadas de tierra. Confór-
mate con que tus flechas hieran a gente enamoradiza y no quieras competir conmigo.
Irritado, Eros se vengó disparándole una flecha de oro, que le hizo enamorarse de la ninfa Dafne
locamente, mientras a esta le disparó otra flecha, esta de plomo, que le hizo odiar el amor y
especialmente el de Apolo. Dafne era una ninfa cazadora consagrada a Ártemis, y por lo tanto,
rechazaba cualquier tipo de amor masculino, y, por supuesto, no quería casarse.
Apolo y Dafne de Tiépolo. Vemos aquí como el «suegro» echa una mano a su hija, de tal modo, el
enamorado Apolo persiguió locamente a Dafne. Mientras, ella huía de él. Pero, poco a poco, Apolo
fue reduciendo distancias y cuando iba a darle alcance, y se encontraba ya cansada, Dafne pidió
ayuda a su padre, el río Peneo de Tesalia:
- ¡Padre mío! si es verdad que tus aguas tienen el privilegio de la divinidad, ven en mi auxi-
lio..., o tú, tierra ¡trágame!... porque ya no veo cuán funesta es mi hermosura...
Apenas había concluido la súplica, cuando todos los miembros se le entorpecen: sus entrañas se
cubren de una tierna corteza, los cabellos se convierten en hojas, los brazos en ramas,los pies,
que eran antes tan ligeros, se transforman en retorcidas raíces, ocupa finalmente el rostro la
altura y sólo queda en ella la belleza. Este nuevo árbol es, no obstante, el objeto del amor de
Apolo, y puesta su mano derecha en el tronco, advierte que aún palpita el corazón de su amada
dentro de la nueva corteza, y abrazando las ramas como miembros de su cariño, besa aquél árbol
que parece rechazar sus besos. Por último le dice:
- Pues veo que ya no puedes ser mi esposa, al menos serás un árbol consagrado a mi deidad. Mis
cabellos, mi lira y aljaba se adornarán de laureles. Tú ceñirás las sienes de los alegres capi-
tanes cuando el alborozo publique su triunfo y suban al capitolio con los despojos que hayan
ganado a sus enemigos. Serás fidelísima guardia de las puertas de los emperadores, cubriendo con
tus ramas la encina que está en medio, y así como mis cabellos se conservan en su estado juve-
nil, tus hojas permanecerán siempre verdes.
Como consecuencia de este lance, el laurel es la planta dedicada a Apolo,
en recuerdo de su amor por Dafne, una corona de laurel era el premio que
recibían los ganadores del concurso Pítico