jueves, julio 05, 2007

Chichén Itzá


“La ciudad al borde del pozo de los itzáes”, fue la capital regional más importante del área maya en los años 750 a 1200 d.C., puente entre los periodos Clásico y Posclásico mesoamericanos. Sus restos, aún bien conservados, confirman la fama que le asignaron las crónicas y leyendas indígenas de Yucatán. Sus vestigios muestran que la civilización maya tradicional se enriqueció con otras corrientes culturales de Mesoamérica. Según evidencias cerámicas, hubo en la región de Chichén Itzá ocupación humana desde el Preclásico superior hasta el último milenio a.C. Pero fue hasta el final de Clásico y el Posclásico temprano cuando el sitio adquirió las proporciones y características urbanas que hoy admiramos.
Los primeros sitios se erigieron siguiendo el estilo arquitectónico Puuc, característico de las pujantes ciudades mayas de Uxmal, Kabah y Sayil que se establecieron en la serranía del mismo nombre. En la mayoría de ellas el estilo Puuc marca su auge, pero también su florecimiento final. Sin embargo, en Chichén Itzá se desarrolló un estilo propio que integró, sobre la base del Puuc, conceptos, formas e imágenes de otras áreas de México, especialmente de la costa del Golfo y del altiplano central, ya que con la lejana Tula, capital de los toltecas históricos –en el actual estado de hidalgo– se dieron las relaciones más estrechas en los rubros de planificación, estilo arquitectónico e iconografía. También se da un estilo mexicano o maya-tolteca de Chichén Itzá. Desafortunadamente, faltan muchos datos para explicar y fechar mejor la evolución de los distintos periodos.
El modelo cultural desarrollado en Chichén Itzá parece haber sido bastante exitoso y flexible, por ello pudo mantener durante largo tiempo el poder en la región y controlar los acontecimientos de Yucatán. El poderío militar –expresado con frecuencia en las representaciones pictóricas del sitio–, el control de las rutas de comercio, la explotación de la sal en el norte y las ricas zonas agrícolas en el sur, pueden haber formado sus elementos básicos materiales, apoyados además por el factor ideológico de la posesión del Cenote Sagrado, entrada al inframundo maya.
La decadencia de Chichén Itzá se relaciona con el surgimiento de mayapán como nuevo centro de poder en Yucatán. Desde el siglo XIII, la parte habitada de la ciudad era muy reducida. En el siglo XVI, El Castillo y el Cenote Sagrado aún funcionaban como escenarios de grandes procesiones que consultaban su oráculo; sin embargo, los grandes edificios ya no recibían mantenimiento. No obstante, un pueblo cercano del linaje de los cupules, rechazó un primer intento hispano por establecer su capital colonial en las ruinas, aprovechando el inmenso valor simbólico que esto hubiera tenido para la conquista; posiblemente fue el pueblo de Pisté que aún tiene población maya y que está asentado en la parte occidental de Chichén Itzá.

lunes, mayo 21, 2007

Los Duendes


No hay una sola persona que no haya escuchado hablar sobre los duendes. De esas pequeñas criaturas con las que las madres amedrentan a los niños: "Te van a llevar los duendes".
Cuando era pequeño me daba miedo de encontrarme con ellos. Los duendes son unos pequeños hombres en miniatura que miden como medio metro de altura, usan boina grande y visten lujosamente, con trajes de colores. La mayor parte del tiempo andan juntos. Andan por los potreros, cafetales y caminos solitarios, no les importa si es noche o de día con tal de andar vagabundos.
Al visitar una casa se hacen invisibles, molestan demasiado, echando cochinadas en las comidas, tiran lo que se encuentre en sus manos. Pero lo que más persiguen es a los niños de corta edad, los engañan con confites y juguetes bonitos; así se los llevan de sus casas para perderlos. Si el niño no quiere irse, se lo llevan a la fuerza; aunque llore o grite. Una vez un señor, quién me merece todo respeto, contó que una noche, cuando él iba a caballo con otro amigo vio saltar un chiquito a la orilla del camino. Al ver esa figurilla en ese camino tan solitario y en horas tan inoportunas ambos se extrañaron; bajaron el ritmo de los caballos para preguntarle hacia donde se dirigía. Voy a hacer un mandadillo dijo el pequeñín. Pero a pesar de que apresuraban el paso, el pequeñín los seguía a cierta distancia, con una habilidad increible. Aquel espectáculo los puso como piel de gallina, y no querían mirar hacia atrás; y cuando quisieron mirar, había desaparecido.
Algo muy parecido a esta historia anterior le sucedió al hijo de un amigo. Sus padres lo buscaron por todos lados, se había perdido hacía dos días, quién estaba en un potrero lejano del pueblo.
Cuando se le pregunto como había llegado allí, dijo que unos hombrecitos muy pequeños se lo habían llevado dándole confites y juguetes; pero cuando estaban lejos del pueblo, pellizcaban y molestaban y mientras lloraba, aquella jerga de chiquillos reían y bailaban.
Este suceso se comentó mucho en aquel pueblo y es digno de estudiarse por lo misterioso del caso.
Dicen las gentes que para ahuyentar los duendes de una casa, aconsejan poner un baile bien encandilado con música bien sonada.